HUACALERA





        El Callejón
                        Huacalera
 

Lo sabemos. Fue una ronda:
La arboleda, el Río Grande, 
y madrigales entre espigas.
Es tu casa: grana por la tarde,
suda ardor por sus ventanas.

Nos empapamos en los soles.
El callejón está cubierto:
verde  perenne, obscureciendo
el paso lento imperecedero,
categórico de armonías y fragancias.
                                                                         
Con mis  cerros y tus  cielos
de luz toronja al occidente: ¡Arde!
Hervideros de cotorras sobrevuelan,
chillan, frente el nido generoso.
El loro viejo pasa solo, concluyente.

Éramos dos y pareció imperecedero.
Fue encontrarnos con los brotes, aires,
troncos viejos y las pircas sempiternas.
Sincretismos ancestrales nos ofrendan
con ardores y el pacto en ese callejón.

Sueños que me invaden sin cuidados
rompiendo recuerdos recurrentes.
Es mejor navegar en la inconsciencia
que morir entre ensueños laboriosos.

Verdes, sepias, blancos, negros, rojos;
pintan sueños en los rizos de las tardes.
Solo eso, fantasías, quimeras de mis días.
Soles, vientos, lunas, esencias rigurosas;
reunión inmune en todos los silencios.



Raul Noro



Aire acondicionado

Una siesta de calores obscenos, cuando las mariposas mueren con las alas achicharradas, un loro olvidado por esas hora en el patio sin sombras de una casa, callò redondo sin pronunciar palabra y los 49 grados a la sombra cuestan como 59.
En un acto de heroísmo único decido visitar a mi amigo jujeño. Él, estudiante de derecho en Tucumán, yo de paso hacia Córdoba para retomar los libros de medicina  ante los próximos exámenes de marzo. (Por aquella época no habían ómnibus desde Jujuy a la Docta. Debo estacionarme por unas horas en la Ciudad de la Independencia).
Camino agobiado hasta la casa de los educandos; el timbre no está habilitado, hago resonar, con los nudillos, la puerta de maderas vetustas. Al rato se abre y aparece, como despertado de un sueño infinito, uno de los habitantes del inmueble.
-Hola. Soy Alfredo amigo de Raúl, vengo por unos minutos; quiero verlo.
-Ahhh… Bueno.
-¿Entro?
-Mejor espera. Le aviso. Creo que duerme. ¡¡Con este calor…!!
-Espero…
            Se cierra el portal y quedo en la vereda asado. Por fin se mueve de nuevo el ingreso y aparece la imagen fantasmal del amigo, está dentro de una salida de baño a rallas descompuestas y algunos flecos indecentes; la vestimenta chorrea agua, se trata de una “sopa humana”. Los ojos, apenas abiertos, se delatan venidos como ensueños impenitentes en la siesta necesaria de aquella condenación. Es el mes de febrero.
-¡¡Alfredo!!
-Si, Alfredo.
-¡¿Qué haces en este infierno y a esta hora?!
-Vine a visitarte; estoy de paso a Córdoba; espero el ómnibus de las 17.
-Bueno. Pasà.
-¿Te puedo preguntar algo?
-Si. Claro…
-¿Qué haces con este atuendo encharcado?
-Ahhh… ¡El calor de mierda…!
-Sí, pero no entiendo: ¿Te inundas con la salida de baño puesta?
-Claro. ¡Pasà! Ahora te explico… –Ingresamos al baño, se ubica debajo de la ducha -siempre con la salida puesta- y acciona el surtidor a todo trapo hasta completar el empapado, cierra la canilla y salimos, va  regando el pasillo. Ingresamos al dormitorio y me señala su cama: luce sin el colchón, brilla el elástico de alambres enrulados, los de antes; abajo un ventilador a toda marcha dirige el vendaval hacia arriba. Y para mejor explicación se acuesta -inundado- encima de la “alambrada” con el chorro de aire refrigerante…
-¡Es la única forma de poder dormir la siesta! –Se revela Raúl Noro.

Nacimiento de Guemes.

                  
   
  Donde Nació Güemes

          El lugar donde nació el General Miguel Martín de Güemes suscitó una larga polémica por la falta de una documentación fehaciente  de época con respecto al lugar y día precisos del natalicio  . La tradición oral y los documentos que aporto vienen a resolver -para mí criterio- una inútil controversia:

         Transmisión oral de la familia Ovejero de Salta y Jujuy. 
     El Dr. Julio Argentino Linares Ovejero (1)  (mi padre), contó lo que sabía su abuela -hija de uno de los protagonistas de esta historia-, Doña Ifigenia Serapia Blas y Eguren (n. Jujuy, esposa de José Gabriel Ovejero Zerda), acerca del nacimiento de Güemes como un acontecimiento fortuito, anecdótico, azaroso: Decía que María Magdalena de Goyechea y la Corte (2) (n. 1763 – S. S. de Jujuy), embarazada y en viaje de retorno desde San Salvador de Jujuy a la ciudad de Salta -luego de visitar a su padre muy enfermo, quien falleció poco tiempo después (1785) inicia el trabajo de parto a mitad del camino, lo que obliga detener la marcha (su segundo hijo). Ante la emergencia da a luz en una vivienda próxima a “El  Carmen", en una zona de quintas sin una adecuada asistencia médica (llamada Los Pericos en honor a los abundantes loros que habitan por allí), probablemente en la casona  "La Quinteja" propiedad de la familia Villafañe Ovejero, jurisdicción de Salta; desde 1834 Provincia de Jujuy (3).
    Así, y en ese lugar, nace su segundo hijo Martín Miguel. Al día siguiente, necesariamente, reanudan la marcha, siguiendo el histórico camino: San Salvador de Jujuy - Los Alisos - A la derecha de la actual ruta: Sala La Cabaña - cruce del Rio Perico - Posta Rio Blanco con su Capilla - por el Río Los Sauces - Sala y Posta Los Camperos - Sala La Angostura - La Caldera - Ciudad de Salta. Un recorrido -en aquel entonces- calculado en 45 Km; para ser bautizado en la Catedral de la dicha Ciudad de Salta. 
          Debe tenerse en cuenta que a los Ovejeros, además de la amistad, los unía una frecuente y estrecha relación con los Güemes. Fue, justamente, Don José Ovejero Ramírez (4) el bisabuelo de quien trasmitió esta tradición oral es el que adquiere la casa donde pasó su niñez el futuro General y que ocupó nuevamente al casarse (calle España 730  -actualmente "Museo GÜEMES"- ciudad de Salta).

            Este inaudito y particular nacimiento nos anticipa en el tiempo la vida del Caudillo, y es corroborado científicamente por documentos que a continuación se detallan:

  Coronel Emilio Bidondo.
 En el Nº 37 de la revista-libro Historia, correspondiente a marzo-mayo de 1990, que aparece trimestralmente en la Capital Federal, el coronel (RE) Emilio Bidondo publica un artículo donde sostiene que “no hay prueba evidente sobre el nacimiento de Güemes en la ciudad de Salta”; aportando los siguientes datos documentales:

a)         Inserta una Foja de Servicios del cadete Güemes donde consta el siguiente informe: «su país Jujuy». (5) (7)

b)        Agrega que don Joaquín de la Pezuela (6) -que fuera virrey del Perú y antes comandante de las fuerzas realistas del Alto Perú, a las que el prócer contuvo en 1814 en su intento de llegar a Buenos Aires para deponer al gobierno central de las Provincias Unidas-, expresa en su Memoria Militar 1813-1815, que cuadrillas numerosas de gauchos eran «agitadas por un Güemes natal de Jujuy». (7) 

           
              Luego de analizar las fuentes que fundamentan la historia del nacimiento del General Martín Miguel de Güemes Goyechea -quien lleva los nombres de su abuelo materno: Martín Miguel de Goyechea, Teniente  Gobernador de Jujuy-; se concluye que la polémica ha finalizado.  
        (Los pueblos de Perico del Carmen y el de Perico de San Antonio deben difundir este inaudito capítulo de nuestra historia y rendir homenaje al hijo de su tierra.)
_                                           ___________

              Debe decirse -enfáticamente- que el General Miguel Martín de Güemes es uno de los mayores héroes de la libertad, Su lugar está en cada punto de nuestra Latinoamérica, por encima de cualquier regionalismo egoísta. Su figura derrotando -con un inédito ejército de gauchos montoneros- al mejor ejército de aquel entonces en el mundo, el Español, venido de la escuela napoleónica, lo ubica entre los Más Grandes de América.-

           

___________


(1) Esta tradición oral fue narrada en reiteradas oportunidades, por mi padre el Dr. Julio Argentino Linares Ovejero, quien desempeña su profesión como médico clínico obstetra en el "Hospital San Roque" de S. S. de Jujuy (9 de julio 1905 Salta-1989 Córdoba); habiéndola recibido, a su vez, de su abuela materna Doña Ifigenia Serapia Blas Eguren (n. en Jujuy, hija de Don Pascual Blas*), casada con Don José Gabriel Ovejero Zerda (n. 1836 - Salta); hijo, este último, de D. José Ovejero González, fundador del Ingenio Ledesma y quien adquirió la propiedad de la calle España 730 en la ciudad de Salta (todavía en pie y a partir del 22 de marzo de 2017, Muso Güemes). Allí funcionaron las oficinas del padre del General, pasó su infancia y posteriormente, después de casarse, volvió a habitarla. 
*Don Pascual Blas (casado con Josefa Ursula Eguren), se contaba entre los 34 màs "Grandes Propietarios de Jujuy". "Estadísticas de las Propiedades, Jujuy 1855". Cuadernos FHyCS Nº 21-11-22 año 2003. Cuadro 2. Universidad Nacional de Jujuy.
(2) María Magdalena de Goyechea y de La Corte (madre del General), nacida en San Salvador de Jujuy, 1764. Casada en Jujuy con el español Gabriel de Güemes Montero, nacido en Abionzo, Santander, 1748. Nombrado, en enero de 1778, Tesorero Oficial en las Reales Cajas de San Salvador de Jujuy; luego trasladado como tesorero en la Real Hacienda de la provincia de Salta. (Primer hijo: Dr. Juan de Dios Tomás Manuel de Güemes Goyechea, nacido y bautizado el 8 de Marzo de 1783 en San Salvador de Jujuy; abogado graduado en la "Universidad Mayor San Francisco Xavier", de Sucre, Bolivia). Padre : Martín Miguel de Goyechea y Argañarás, Teniente Gobernador de Jujuy, nace y muere en San Salvador de Jujuy (1732 – 1785). Madre: Ignacia de la Corte Rosas, nace en San Salvador de Jujuy. Abuelos: Antonio de la Corte Rosas (n.  España.), y María de Palacios Ruiz Llanos (n. 1700 Jujuy). Bisabuelos: Juan de Palacios Martínez de Iriarte (n. 1680 – Jujuy), y Juana Crisóstoma Ruiz de Llanos Albarracín (n. Jujuy – Fall. 1729 Jujuy), etc. Pudiendo llegar hasta la fundación de San Salvador de Jujuy.
(3)  “Los Perico”. Llamada de esta forma por la abundancia de loros “pericos” que se encuentran en esa zona. Comprende una amplia región agrícola ganadera –ya presente en aquella época-, desde la actual ciudad de Perico de la Estación, pasando por Perico del Carmen, hasta Perico de San Antonio.
(4) “… José Ramírez Ovejero, quien en 1830 había fundado el Ingenio Ledesma, en la vecina Provincia de Jujuy, que en el siglo siguiente llegaría a ser el ingenio azucarero más grande de Sud América.”   (María Fernanda Justiniano. «Poder y riqueza en Salta a fines del siglo XIX: ¿cuánto de vacas y cuánto de azúcar?». Revista Escuela de Historia, Facultad de Ciencias Económicas y Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Salta).

           (5) Los datos volcados en la foja de servicio tienen que haber sido consignados por el propio cadete Güemes: "su país Jujuy". (“13 de febrero de 1799: Se le da de alta como cadete de la Compañía del 3er. Batallón del Rey. Fixo en Buenos Aires, destacado en Salta”).

              (6) Joaquín González de la Pezuela Griñán y Sánchez de Aragón Muñoz de Velasco (Naval, 1761 - Madrid, 1830) fue noble, militar y político español, I marqués de Viluma. Tras derrotar al general rioplatense José Rondeau en la Batalla de Viluma o de Sipe Sipe,1​ fue nombrado trigésimo noveno virrey del Perú (7 de julio de 1816 - 29 de enero de 1821) y capitán general de los Ejércitos.
Árbitro. Wikidata                (7) Archivo General de Simancas. España.


            Fe de bautismo del futuro General Güemes: 
"En esta Santa Iglesia Matriz de Salta en nueve de febrero de mil setecientos ochenta y cinco, Yo el Cura Rector más antiguo exorcicé, bauticé y puse óleo y crisma a Martín Miguel Juan de Mata, criatura nacida de dos días, e hijo legítimo de don Gabriel de Güemes Montero y doña María Magdalena de Goyechea y La Corte y fueron sus padrinos de agua y óleo don José González de Prada, Contador Ministro de Real Hacienda y doña María Ignacia Cornejo y para que conste lo firmo. Dr Gabriel Gómez Recio”.
  

         En el único registro de la época -con motivo del Sacramento del Bautizo- y con respecto al nacimiento de Martín Miguel Juan  de Mata Güemes y Goyechea, no se hace referencia: ni al día, ni al lugar donde ocurrió dicho nacimiento.-

Notas: 
Esta tradición oral tiene tres escalones, a saber:
1) Josefa Ùrsula Eguren.
2) Ifigenia Serapia Blas.
3) Julio Argentino Linares: 
4) Sus siete hijos, entre ellos Alfredo Linares.

Primera publicación: 17 de diciembre de 2012 ("Nacimiento de Güemes").

Dr. Alfredo Linares.

Dr. Ricardo Podio



El Examen

            Nací en San Salvador de Jujuy. Mi madre cordobesa es hermana de otras once ramas del mismo tronco.
            Durante algunos de los veranos, después de las fiestas de fin de año en mí terruño, solía viajar a Córdoba a casa de mi abuela en Caseros 830, una cuadra posterior al Amparo de María y  Colegio Santo Tomás, con su iglesia neogótica en la esquina. Allí transcurren parte de mis vacaciones en algunos estíos.
A finales de la década de 1940 sumo yo no más de nueve años de edad, y viajo a la ciudad de Córdoba en tren para unas holganzas diferentes. Urbe  que aparece ante mi fantasía como un emporio de novedades interminables. En estas circunstancias mi abuela y madrina, Doña Lola, me manda hacer algunas compras al almacén de la esquina: en Caseros y San José de Calasanz. Uno de los hijos del comerciante es médico reciente, pero ya famoso por sus cualidades humanas y profesionales. En el vecindario se habla con respeto y admiración por la capacidad y bonhomía del doctor; situación que llama mucho la atención.
Un día a la semana, a partir de la otra esquina, sobre la calle Artigas, se monta una feria de frutas y verduras. Apenas se ingresa por el callejón central, surge arrogante una gran olla férrea rematada con dos grandes manijas, en su interior espera el aceite hirviendo fisgoneado por un bracero; el cocinero, de delantal blanco, porta una enorme jeringa metálica: dispositivo integrado por un grueso cilindro con terminación dentellada, como si de la parte superior de una muleta se tratara, una culata està diseñada para ser apoyar en el hombro y se prolonga en un vástago al estilo de las bielas y  penetrar el cilindro. Relleno el dispositivo con  engrudo (agua con harina), el ranchero acomoda el extremo en el hombro, toma las manijas, tracciona con fuerza mientras se hunde el pistón de tal forma que sale la masa por el extremo fenestrado y caer en el aceite generando burbujeos mientras dibuja, en forma continua, círculos concéntricos hasta colmar la superficie; pasados unos minutos el color blanco de la preparación se torna dorada, en este punto extrae la “rosca”, la dispone sobre una mesa empapelada con rapidez, munido de pinza y tijera la secciona en tramos de no más de 20 centímetros, todos iguales; finalmente  espolvorea con azúcar: y vocifera: “churros calientes, los que quiere la gente, a un peso la docena”.
            Los fines de semana en el gran lago del Paseo Sobremonte, lanchitas y autitos a pedal navegan en círculo todas las tardes de los sábados y domingos. (Antes de la construcción del enorme edificio de la Municipalidad, sostenido por enormes clavos de acero).
            Otra de las novedades, en estos años felices, es el tranvía que baja por la calle Corro y concluye su recorrido en la terminal, no lejos de la casa de mi abuela. El conductor, parado, manipula una pulida y dorada manija que da velocidad al carromato eléctrico, antes de cada esquina hace tronar una campana  anunciando su paso; de tanto en tanto, para cambiar de vías, detiene la marcha, baja con el largo barreno que oficia de  palanca entre los rieles. El guarda, también parado, se aburre en la parte posterior.  
            Un día, como por arte de magia, brotan en muchas esquinas céntricas  heladeras pintadas de rojo con anuncios blancos, ofrecen el famoso refresco oscuro en botellitas de vidrio. También puestos callejeros, montados sobre ruedas y con techo, están equipados con un novedoso adminículo llamado licuadora y una barra de hielo que raspada por una cajita metálica con hendidura y filo se colma de agua congelada,  molida, lista para el "licuado de banana con leche"; un clásico para siempre.
            Otras veces, en el “asiento rumble” de la parte de atrás de una cupe Ford 1936, acompaño a mi tío Oscar que recorre, guiado por anuncios en el diario “Los Principios”, propietarios que anuncian inmuebles en compra o venta, ofreciendo sus servicios de escribano.
            Un mundo de novedades. De todo ello, lo que queda para siempre en la memoria por trascendente, es el registro indeleble del médico joven idolatrado por el barrio.

            Finalizados los estudios primarios en la escuela Belgrano y secundarios en el Colegio Nacional de San Salvador de Jujuy; motivado profundamente por mi padre y su profesión de galeno en su entrega al servicio de todos, me imprime la decisión de ingresar a la carrera de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba; donde egresó también él, en la década de los años 30. Mi primer examen, el de Anatomía Descriptiva, preparado a conciencia con los amigos y compañeros: Jorge Bit Chakoch y Ernesto Mármol, resulta un fracaso total: La noche anterior, en casa de Jorge del Barrio San Vicente, hacemos el repaso general que duró hasta las primeras horas del día “D”; luego de dormir muy poco,  despierto ya sobre el tiempo del examen, me visto rápido y salgo a la calle para tomar el ómnibus. Al llegar a la Cátedra, en el Hospital de Clínicas, encuentro al Profesor adjunto, Dr. Antonio, cerrando el registro de alumnos, le explico mi tardanza y accede a incorporarme al listado que firmo finalmente; calculo en dos horas, al menos, para que llegue mi turno. Decido continuar el repaso con el libro muy cerca de la Cátedra, en el umbral de Anatomía Patológica... Grande fue mi sorpresa cuando desperté pasado mi turno, corrí a la Cátedra y el examen había concluido, los profesores ya no estaban. (Había confirmado mi presencia, me llamaron y no estaba. ¿El primer aplazo? ¿Un cero? No, el primero de la carrera no se computa). Explicar el increíble final de mi  experiencia inaugural a los amigos fue una tarea ímproba, al punto que decidí mentir, incluidos padres y parientes; la información ventilada: “Fui bochado”.
            Vivo en un departamento de Caseros 2030, alquilado por el amigo jujeño Èdison Ramón Alfaro Ocampo, también estudiante de medicina, dos años adelante. Es él, quien me invita, una tarde de 1959, a una asamblea estudiantil en el Aula Magna del Hospital Clínicas. ¡Es mi participación inaugural en la vida estudiantil! Se debate, entre los partidos Reformistas y el Integralista, aspectos del gobierno tripartito; no hay acuerdo y la discuciòn sube de tono. Mi amigo milita en la agrupación Humanista, fracción estudiantil casi inexistente al punto que es el único representante en el debate. En el furor de la batalla verbal, mi amigo, pide la palabra en varias oportunidades sin resultado; yo a su lado no entiendo nada. Finalmente, el presidente de la asamblea pontifica: “Tiene la palabra el compañero Alfaro del Humanismo”; es un Integralista que trata de “digerir” el debate y que a ojos vistas van perdiendo. Me llama mucho la atención que lo individualice tan nítidamente en el alboroto multitudinario. ¡Silencio en el anfiteatro! Édison Ramón proclama: “Vengo a impugnar la asamblea por no estar presente la mitad más uno de los estu…”; no lo dejan concluir; a partir de ese momento siento caer sobre mi humanidad todo tipo de proyectiles: bollos de papel, tizas, borradores, mechados con un vocerío aturdidor y proclamas partidistas mientras los reformistas se apresuran a retirarse, finalmente lo hacen los del otro bando. Quedamos, mi compañero y yo, solitarios, averiados… Inmortal experiencia en las lides estudiantiles. Con el tiempo entiendo cuál puede ser una de la  estrategia para desbaratar una convocatoria. Llevo vívidos un sinfín de acontecimientos, motivos para otros relatos…
           
            Marzo de 1963, curso la mitad de la carrera. Consulto, en el transparente de la Cátedra de Medicina Interna, los días de clases teóricas y de prácticos. El primer día, apoltronado en la “tribuna” del Aula Magna, esperamos al Profesor; el recinto esta colmado y los rezagados se sientan en la escalinata, hay también algunos graduados y los ayudantes de cátedra, se respira un clima de expectación. "Aquel profesor debía ser importante" medito. Por fin ingresa, saluda, recorre con la mirada el recinto colmado: “Esta es la primera clase, les ruego mucha atención, pueden hacer preguntas, no usen grabadores” pronuncia. Gira, toma una tiza y escribe una enumeración de temas, el silencio es total;  comienza la Clase Magistral. La curiosidad me invade: ¿Quién es aquel profesor de tanto respeto y atención? Aprovecho un descanso y pregunto a un compañero, el de mi costado, como se llama y me informa... "¡¡Es él... El mismo médico del barrio en mi niñez, hijo del almacenero de la esquina de Caseros y San José de Calasanz...!!"; resucita la impronta de la infancia. 
            Finalizado el año las clases y los prácticos, decido rendir primero Patología Médica, la preparo con Ernesto (el amigo desde la escuela primaria en Jujuy). 
            Inscrito en la secretaría para el examen, anoto la fecha y la hora. Llegó el día. ¡Por fin el momento de la verdad! Aguardo con los compañeros el llamado para entrar, permanezco expectante, más que en otras oportunidades. Por fin se abre la puerta, el docente pronuncia mi nombre, ingreso confiado, me siento, doy vueltas al bolillero y saco tres, elijo una con los temas que mejor recuerdo, no obstante uno de  ellos no es importante, el que menos asimilé: estoy seguro que no me hará preguntas de ese contenido; el resto es de mi preferencia.
      -Que bolilla elige.
      -La ocho Profesor. -Sentado espero que me interrogue. El docente consulta los temas.
-Factores de coagulación y hemofilia -Ordena finalmente. Mi turbación es evidente; debo responder aquello mal estudiado. ¡¡Justo eso!! Pálido, con taquicardia y desolado me animo a explicar:
-Profesor, ese capitulo es el único al que no le presté atención... Pero he preparado toda la materia bien.
-Alumno. ¿No estudió?
-Sí. Profesor… ¡Si! Toda la materia y solo leí ligeramente el genético de la hemofilia.
-¿Por qué no lo hizo? Además es uno de los contenidos que usted eligió con la bolilla.
-La verdad: porque se trata de un tema histórico. Ya no existe. Por ese motivo no lo estudié.
-Es decir: ¿No sabe nada de la hemofilia?
-Solo recuerdo que hay dos factores: el ocho y nueve.
-¿Qué más puede decir?
-Muy poco más. Profesor…
-Ahora explique: ¿Porque para usted la hemofilia ya no existe?
-Todo comenzó cuando descubrieron que la Reina Victoria de Inglaterra tenía descendientes varones con problemas de coagulación: creo que uno se llamaba Leopoldo, y otros muchos sucesores como hijos del Zar de Rusia y del ex-Rey de España, Alfonso XIII. Desaparece el problema cuando en la nobleza dejaron de casarse entre parientes…
-Bueno… Tengo que reprobarlo.
-Si.
-Pero usted me dice que el resto lo estudió a conciencia.
-Si. Profesor. –Intuyo un final feliz, el corazón se aselara aún más.
-Está bien. Dejemos el bolillero. Empecemos…
Desde aquel momento y durante casi tres horas duro el examen. El Profesor me “paseó” por toda la materia y pude responder bien.
En un momento se pone de pie y dice: “Acompáñeme”. Ingresamos a la sala, al final de las camas se detiene y señala a dos enfermos: “Alumno. Estos pacientes no son descendientes de la Reina Victoria de Inglaterra y tienen hemofilia”. –¡No salgo de mi asombro!…
(En el pasillo aguardan mis compañeros sus turnos. Después me entero que no atinaban a comprender que pasaba con mi examen tan prolongado, además, porqué me llevò hasta la sala de internados).
Regresamos al lugar del examen.
-Linares. Usted va ser médico y es probable que durante su profesión le toque asistir a un paciente con hemofilia, y no sabrá que hacer porque no estudió. Ser un médico es un tremendo compromiso con la sociedad, de usted dependerá la vida o la muerte… ¡¡Qué responsabilidad la mía y la suya!! ¿Qué le parece?
-Grave profesor.
-De acuerdo… -Un silencio de siglos- Respondió bien los otros temas. Pero… ¿Me promete que mañana, o esta misma noche, va a estudiar conscientemente el tema que no sabe?
-Si Profesor. ¡Le prometo!
-Puede retirarse. Está aprobado. –Fue un momento sublime, sentí un inmenso alivio, una gran satisfacción y una mayúscula responsabilidad: la que debía conducirme en adelante…
¡¡Había aprobado!! Salí casi a los saltos con una enorme sonrisa.
-¿Qué pasó? –Me interrogan los de la espera.
-Algo grandioso: ¡No supe un tema, el de la hemofilia, pero me hizo renunciar al bolillero y me pregunto de todo!
-¿Y…? ¡Contestaste bien! –Silencio…- ¿Solo ese no respondiste?
-¡Si! Te pondrá un nueve.
-No sé, quizás un ocho, o siete. ¡Lo que sea! 
Por fin sale el último alumno, ya es de noche. Esperamos las notas. Se abre la puerta y aparece la secretaria con el registro de alumnos del examen, lee pausadamente los apellidos y nombres, finalmente la nota; debo esperar, la expectativa va en aumento, el último en nombrar soy yo ¡Por fin llega!: “Linares Alfredo: CUATRO”. Es el término de una jornada intensísima, incomparable, justa, para el recuerdo. Pero no termina allí, nuevamente me nombra y agrega: El Profesor quiere hablar con usted, puede pasar, lo espera en su despacho”. Nuevamente la taquicardia. Entro sin demora.
-Permiso Profesor.
-Siéntese. Lo hice llamar para pedirle un favor. -Me  sorprendo. No atino a creer que sea yo el que haga un favor.
-Quiero que mañana pase por mi consultorio, a las 19 horas. Esta es la dirección.
-Sí Dr. Estaré a esa hora. –No pasó por mi cabeza averiguar el motivo de la cita.
Al otro día, antes de las 19, estoy en la sala de espera… Sale la secretaria y me hace ingresar. El Profesor -sentado detrás del escritorio atiborrado de libros y papeles-  levanta la mirada y dice:
-Dr. Linares. –Primera enorme sorpresa: ¡Me llama doctor!
-Quiero que vigile un goteo en el domicilio de un paciente particular. Yo estaré para canalizarlo, usted quedarà controlandolo según las instrucciones que ahora le explico. –Y continuó instruyendo, con detalles, la tarea encomendada; finalmente debía llamar por teléfono avisando haber concluida mi participación. Esto se repitió, en el transcurso de un mes.
Pasaron algunos días y recibo de secretaría una nueva cita para concurrir al consultorio del cardiólogo.
-Buenas tardes Profesor.
-Hola Linares. Muchas gracias por su colaboración. ¿Cómo se sintió con lo encomendado?
-Muy bien, Profesor.
-¿Se dio cuenta qué problema tienen los pacientes en los que usted participó controlando el goteo?
-Si. Profesor.
-Dígame.
-Son hemofílicos.
-Bien… ¡Bien! ¿Y cómo lo sabe?
-Por los síntomas previos, la transfusión de sangre y…
-Muy bien. –Abre el cajón del escritorio y saca un sobre cerrado. Lo recibo desconcertado y trato de abrirlo.
-¡No! Ahora no… En su casa.
Salgo expectante con el último acontecimiento. Llego a lo de mi abuela, entro al dormitorio apurado, me siento en el pupitre de mis afanes estudiantiles y abro el sobre:  encuentro dinero y una nota que dice: “Corresponde a los honorarios por su colaboración.
Muchas gracias.
(Una firma y un sello) 
Dr. Ricardo Podio

¡¡La más importante lección en mi carrera, la de un Gran Ser Humano!!


Profesor Ricardo Podio:
“La Facultad de Ciencias Médica  convocó el 13 de agosto en el Aula Magna del Hospital Nacional de Clínicas a un homenaje al Dr.  Ricardo Podio, el médico, profesor, amigo, sembrador de conocimientos y humanismo. Se entregó, a través de sus familiares, la medalla post mortem en reconocimiento a su trayectoria.
Podio fue un precursor en el ámbito médico; fundador de la Sociedad de Cardiología de Córdoba sus trabajos de exploración de la actividad eléctrica miocárdica marcaron un hito en la especialidad. Este visionario incorporó las residencias médicas en la ciudad; creó el equipo Interdisciplinario de Psicopatología en el Hospital de Clínicas; la UTI del Servicio de Radioisótopos y el Servicio de Técnicas no invasivas.
El histórico recinto, colmado de médicos y estudiantes, recobró la mística de sus mejores momentos, cuando distintos expositores relataron las historias de vida de Podio, arrebatada por la enfermedad a los 58 años.
El Prof. Dr. Emilio Kuschnir describió la trayectoria profesional remarcando sus profundas convicciones de sentido democrático y federalismo.

Alberto Cerda, ex Presidente del Centro de Estudiantes de Medicina, destacó que en la dictadura militar mientras los alumnos eran perseguidos y encarcelados, la postura de Ricardo Podio, poco común en esa época era de solidaridad con el Centro de Estudiantes y su espíritu y actitud democrática de defensa hacia ellos, lo inusual.
Carlos Scrimini, ex Presidente de la FUC rememoró que nunca censuró a los estudiantes o médicos por sus ideas. “Él mismo- expresó – sufrió el aislamiento por cuidar a sus estudiantes y defender la libertad. Era el único o quizás uno de los pocos que recibía, escuchaba y contenía, en épocas de la desolación de la dictadura”.
El Decano de la Facultad de Ciencias Médicas, Marcelo Yorio expresó respecto a la figura de Ricardo Podio “Hablan de Inquebrantable voluntad y diáfana lucidez; hablan de humildad, de sencillez, de profundo respeto por el hombre y fundamentalmente de la prédica con su ejemplo. Seguramente la lucidez es algo que se hereda. Seguramente también que se desarrolla, pero la inquebrantable voluntad es algo, que para los que ya tenemos años, deberíamos demostrar e inculcar en nuestros jóvenes que es muy necesario, porque estas figuras señeras nos demostraron que más allá de esa inteligencia y lucidez, lo que es necesario es la inquebrantable voluntad para cumplir objetivos, y para desafiar adversidades. De este gran hombre se habla de respeto institucional y en este país estamos necesitando mucho de eso. Hablar de esto. Es un hombre que para llegar a donde llegó, cumplió normas, aceptó las normas para llegar por concurso a titular, a presidente de sociedades, también para llegar a gestionar dentro de la Universidad Nacional de Córdoba, porque entendía que el respeto a estas normas hace que las instituciones crezcan fuertes” y agregó “ es importante porque estas personas innovadoras, estas personas que generaban tanto desafío, demostraban a su vez el respeto por el día a día, por el ejercicio del acto de servir, por el ejercicio del compromiso”.

Con cientos de emociones aferradas a los asientos de madera marrón, el Aula Magna del Clínicas convocó a compartir la grandeza de un grande, que marcará para siempre la historia médica en Córdoba y el país. 
Y como regalo para los profesores doctores y estudiantes, una clase magistral a cargo del Dr. Julio A. De La Riva dejó flotando en todo el Hospital Nacional de Clínicas que el conocimiento y el humanismo son parte inclaudicables de la formación de quienes se dedican al arte de curar”.

Estrés




“MIRADAS”
“La cárcel que te libera del estrés”.

En Corea del Sur implementaron un sistema que ofrece: “Confinamiento voluntario por 90 dólares la noche”.
“Quienes desean escapar de una rutina sofocante tienen la posibilidad de hacerlo, pero no en un spa sino en una cárcel”. La “Prisión Inside Me” (prisión dentro de mi). “…Ubicada al nordeste de Hongcheon”. En 2013, alojó 2.000 internos… “Un corte saludable y un remedio posible al agotamiento…”. Se “embuten” en celdas de 5 m2 dejado la ropa, todos sus objetos personales y la vinculación con el exterior. Lucen el traje azul de los reclusos.
“La prisión me dio una sensación de libertad…, contó una programadora de 28 años, que decidió enjaularse por 24 horas.” (1)
Al decir de Viktor Frankl (2): una "Intención Paradojal" que se da con la sociedad actual, inmersa en una fatal competitividad dentro de la  compulsiva sociedad de consumo; por encima de los sentimientos y hasta de la naturaleza misma.
(¿Encierro vs. “libertad”?).


La tasa de suicidios en Corea del Sur es una de las más altas del Mundo, mayor a la de EE.UU. 
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(1)  Entre comillas: Raquel Garzón. 
     Negritas y subrayado me pertenecen.

(2) Viktor Frankl: Famoso psicoanalista, considerado el tercero más importante de la escuela de Viena.
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Lopez Rega

Lunes 1º de Julio de 1974

En Tucumán cumple años la esposa de Edmundo Jiménez, Susana, hija del diputado nacional que nos ocupa. Después del asado de tradición,  en la sobremesa, me arrimo al ex presidente de la Cámara de Diputados de la Nación: Nicasio Sánchez Toranzo, hermano del general José Antonio. Ávido por escuchar a un personaje importante en la historia política de Argentina, descubro en Nicasio una franca disposición a narrar episodios vívidos en su larga trayectoria política a partir de la formula Perón-Quijano; resulta una conversación amena con un interlocutor simpático y llano. Surgió del coloquio, como no era menos, un hecho sorprendente, increíble, poco conocido a pesar de su espectacularidad y de la jerarquía de los testigos presenciales: se refiere a lo ocurrido instantes después de la muerte del Presidente General Juan Domingo Perón en la residencia de Olivos.
A las 10:25 Perón respira con gran dificultad: es un ataque cardíaco. El Dr. Augusto Ceara lo conecta a un respirador. "Déjeme morir", implora  Perón. Una hora después, como en tantos otros casos finales, opera una recuperación pasajera al retomar un mejor ritmo cardíaco. (“La mejoría antes de la muerte”). Es entonces, en el impase, cuando dos de los médicos salen a la habitación contigua, donde están los más allegados al General esperando el irremediable desenlace. Momento que aprovecha el Ministro José López Rega,,(1) que está entre los que "velan", para pedir a uno de los médicos que lo acompañara afuera de la habitación y decirle, con la boca chica, al preocupado cardiólogo Carlos Seara: "Si lo sacás, te hago conde". El estupor cunde entre los presentes; mantienen, no obstante, silencio ante aquella desopilante promesa y las circunstancias extremas que viven.
Pero falta lo peor: A las 13:15 se abre la puerta y aparecen los doctores Pedro Cossio y Jorge Taiana quienes, pausados y solemnes, comunican el fallecimiento del Primer Mandatario de Argentina. López Rega, por entonces Ministro del Interior, con ojos desorbitados y un rictus extraño se despoja del saco, y mientras se arremanga la camisa, entra de improviso y a las zancadas a la habitación del recién fallecido; levanta con furia la sabana que le abrigan los pies, le sube el pantalón y descubre las piernas,  abraza con sus manos y fuerza inusitada ambos tobillos mientras grita desaforado: “¡¡Arriba mi General, usted no ha muerto, el pueblo lo espera!!”. Repite, una y otra vez, siempre a los gritos, la misma consigna hasta que dos de los  médicos le ordenan que se calme y  confirman: “Ministro, el Presidente ha muerto”. La Vicemandataria a cargo de la presidencia, Isabelita, observa la escena en silencio parada al lado de la cama…

José López Rega (apodado "El Brujo"). Perteneciente a la "Secta Anâel", es el “Hermano Daniel” y autor, entre otros, del libro “Astrología Esotérica". 

El Pescador nocturno



El Pescador

("No regales el pez, enséñale a pescar" ¿?)


Fue a las cinco de la mañana del martes 9 de octubre de 2018 en una casa del barrio Grand Bourg en Salta.
Todos duermen. Un sonido seco, proveniente de otra habitación, aviva azorada a la esposa que no acierta a saber si aquel ruido venía de algún sueño belicoso o provocado por la caída de un objeto. Permanece expectante. A los pocos minutos otra vez la cantinela breve, cortante, precisa. “¡Es real!”, piensa, y atina a gritar: “¡¡Que pasa!!”. Ahora despierta al marido que sentado en la cama asiste a un tercer golpe con idénticas características a los anteriores y lo impele a investigar: Se levanta, calza unas sandalias de poco ruido y va sigiloso recorriendo hasta arribar a la sala de entrada de la casa. No hay nadie, “deben ser golondrinas que llegan con la primavera y que, despistadas, golpean alguno de los vidrios de las ventanas”, especula; y se retira al dormitorio. Permanecía tratando de sosegarse cuando escucha una voz inusual, de ultratumba y lejana, casi tenebrosa que protesta: “Abra por adelante”. El desconcierto resulta total, una voz humana a esa hora lo invita abrir la puerta de calle. Nuevamente el calzado de antes; con temor supremo se aproxima al portal de ingreso a la vivienda, permanece unos segundos plantado, aterrado; por fin se anima y  pregunta: “¿Quién es?”. “Policía”; la contestación cortante, ahora tiembla y cavila: “puede ser un ladrón para que le abra la puerta”. El silencio se apodera de la escena, finalmente con la oreja pegada a la madera ausculta: “Somos la patrulla don Carlos, abra”. Lo conoce por el nombre. La paz redime su espíritu, destraba la puerta, y asoma temeroso la cabeza; efectivamente hay estacionado un patrullero y es un agente el que está del otro lado.
“Don Carlos, le estaban robando por la ventana”
“Casa de cemento armado con vigas y columnas poderosas, antisísmicas,  ventanas con marcos de quina, rejas de hierro redondo macizo a razón de una cada quince centímetros con travesaños cada cuarenta y batientes de los de antes con vidrios macizos. No puede ser que pretendan desvalijar por la ventana. ¡¡Imposible!!”, medita a las ligeras.
Termina de abrocharse el pijama y sale a la vereda, el agente policial lo conduce hasta el patrullero, sentado en el asiento trasero permanece un joven, muy joven; con cara de espanto que mira para el otro lado, permanece con las muñecas esposadas. “Pasamos por aquí y descubrimos que alguien se escondía detrás del árbol: es el muchacho que trataba de robarle por la ventana”. El dueño gira la vista hacia el lugar del hecho, está abierta, pero con la reja intacta. “¡¿Cómo puede ser?!...” Interroga sin comprender. “Venga”, y el policía lo conducen a la caja del patrullero, allí está la prueba del delito, florece un instrumento usado en la prehistoria cavernícola: una larga rama recta, en uno de sus extremos un gancho mal armado con alambre, el otro termina ramificado en “V” con una de las puntas afiladas y la otra más corta y roma. Ahora se trasladan al lugar del acontecimiento. Desde la ventana, abierta para atemperar el calor, se divisa en el interior una meza con mantel, encima una caja metálica cerrada de las que guardan utillajes, a sus costados algunas herramientas sobre la tela, una silla se interpone entre la mesa y el exterior. “No entiendo nada”, protesta el dueño de casa. El uniformado informa: “El garfio del extremo de la rama lo usó para atrapar la silla y correrla, de esa forma quedó el asiento delante de la mesa como se puede ver, y con el respaldo en posición lateral; con el otro extremo del palo bifurcado clavó el mantel y giró el instrumento hasta enrollar el tapete, quedó de esa forma firmemente capturado, después empezó a traccionar, cuestión que provoco la caída al piso de las herramientas sueltas;  y, seguramente, pensó que derribaría al fin  la caja en el asiento de la silla; allí si hubiera podido alcanzarla  introduciendo su  brazo a través del enrejado, abrirla y vaciar su contenido. Pero no llegó a ese punto cuando lo descubrimos”
El dueño de casa corrobora, en el suelo, a los costados de la escena: una pinza, un destornillador, una tenaza y un paquete de cigarrillos desplomados desde la mesa. Por fin se devela el motivo de los insólitos sonidos que hizo florecer, casi al final de la noche, el “pescador” noctivago.